Displicencia

(Del lat. displicentia.)
sustantivo femenino
1 Falta de ánimo o interés en la realización de una cosa o acción, por dudar de su bondad o desconfiar de su éxito.
2 Actitud del individuo desagradable e indiferente en el trato.
* * *
Sinónimos: desaliento, desdén, apatía, desprecio, indolencia, incomprensión, indiferencia.
Antónimos: amabilidad, agrado, complacencia, cortesía.
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20230717

Mi primer día de muertos

Mamá se despertó muy temprano para escoger la mejor fruta en el mercado, cuando llegó a la casa papá estaba en la sala, ya había armado con unas mesas y unas cajas de madera el altar para la ofrenda. Mamá sacó el mantel tejido con hilo blanco que suele poner en la mesa grande para las cenas de navidad y año nuevo, alcanza a cubrir muy bien el altar que este año es bastante grande. Un olor exquisito y bastante fuerte entra desde el patio, es papá cortando las flores y deshojando algunas de cempasúchil. ¡Cómo me gusta hacer eso! el olor que queda en las manos después de arrancar los pétalos de un tajo es de mis favoritos.

Ya casi es medio día, mamá terminó de preparar la comida que más me gusta, jamás había sentido tan fuerte el olor de esas manitas de cerdo en adobo. Mamá es la mejor cocinera que jamás haya conocido, incluso mejor que la abuela de quien siempre repito el plato.

Papá casi ha terminado de hacer sus tapetes de aserrín pintado para flanquear la ofrenda, no me ha gritado para que le ayude, seguro que le dio envidia cómo quedo el de mi lado cuando hace un año me dejó hacer uno yo solito. Creo que saben que me siento cansado y por eso ni han tocado a la puerta de mi cuarto.

Está oscureciendo y papá entra sin avisar, toma mi guante favorito de béisbol y mi cuaderno de dibujos con los colores que tenía encima, sin decirle nada lo sigo hasta la sala, donde mamá está prendiendo las veladoras de la ofrenda. Prende la última vela y detrás coloca la fotografía que primero besó y acarició con mucho amor. Veo que la foto coronando la enorme ofrenda es mía, soy yo hace seis meses en mi fiesta de cumpleaños, en ese instante comprendo que aquel fue mi último cumpleaños y que éste será mi primer día de muertos.

Octubre, 2017.

20190901

Cosas del insomnio

Quería mudarme geográficamente dentro de la casa así que, sólo con lo puesto, una noche decidí dormir en la habitación del primer piso que es más pequeña y a la que entra menos luz por la noche, supuse que ayudaría a combatir el insomnio. Dicha habitación pertenece a mis padres y un tiempo, hace poco, fue también la habitación de mi hermana por lo que hay cosas de los tres, pero yo sólo utilizaría la cama pues buscaba dormir; por el día, lo único que evidenciaba mi estancia ahí era una pijama sobre la silla y las cobijas hechas bola sobre la cama.
Dos semanas estuve fuera de mi habitación en el piso de arriba, la dejé con la ventana abierta, una parte de la cortina corrida, el escritorio lleno de libros, hojas y diccionarios, chamarras en la silla, la cama sin tender, el ropero abierto porque subía a cambiarme de ropa, zapatos por el suelo... cual Chernóbil abandonado y detenido en el tiempo.
Como el sueño sigue trastornado, descubrí que no es la luz el problema en mi habitación, entonces era hora de volver a mi aposento, donde mis cosas.
Es un día común de otoño, lo que no es común es que tenga tantas ganas de dormir siendo el mediodía. Subo a paso lento para limpiar y acomodar cada cosa en su lugar, pero apenas retiro unas cuantas cosas de la cama, me tumbo boca abajo sobre ella y quedo profundamente dormida, tanto que ignoro los dos cadáveres de polillas que yacen sobre la almohada. Me despierta la nariz queriendo ayudar a este cansado cuerpo para deshacerse del polvo de dos semanas que he respirado por casi una hora, me giro y el estornudo viene acompañado de otros tres que me obligan a sentar y abrir los ojos para descubrirme desorientada en esa habitación que me es familiar pero que ahora no me pertenece. Toco mi rostro y puedo sentir la fina capa de tierra que se adhirió desde la almohada. Acomodo mi enmarañado cabello y encuentro con asombro y desagrado a la difunta polilla que ahora está embarrada entre mis dedos. Qué pesadilla se está haciendo volver.

Me ha costado un poco acostumbrarme a estar de nuevo en mi habitación, sólo han pasado dos noches que regresé de aquel lugar tan ajeno que siento que es preferible abandonarlo todo de nuevo. Mañana intentaré dormir en la cocina o en un sofá de la sala, tal vez en los lugares sin dueño termino encontrando la cura a tanto desvelo.

20180127

Grullas de papel

Sonaba '11 y 6' de Fito Páez en los audífonos. El deficiente alumbrado público tenía en penumbras la ancha y larga calle que debía recorrer. Era casi media noche. Caminaba sin prisa mientras pensaba cómo le diría que me iba, que tenía que dejarle pero sin más explicación alguna. Siguiendo la historia de la canción imaginé que huía con él y seríamos sólo 11 y 6 y nuestro amor, pero la realidad me azotaba.
   Llegué a casa, siguiendo de largo por las escaleras mientras mi madre gritaba porque ya era muy tarde y pudo haberme pasado algo. Enciendo la computadora mientras me quito la mochila y los zapatos. Sólo hay un mensaje en la bandeja de entrada... ¡Es de él! Decido leerlo al final, después de revisar facebook.
   Ya no hay más ruido en la casa, todos están dormidos y a mí me quita el sueño ese mensaje que aún no he leído.
   Comienza contándome un cuento basado en la leyenda japonesa sobre hacer mil grullas de papel para que se cumpla un deseo.
   Dos chicos que se amaban cuando la bomba cayó sobre Hiroshima, ella quedó gravemente herida, él comenzó a doblar mil grullas de papel para que se cumpliera su deseo: que ella sobreviviera.
   Después vienen unas instrucciones para llegar a la jacaranda que está afuera de mi casa. Me pongo los zapatos y corro hasta el árbol que se encuentra cubierto por grullas de papel, hay de distintos tamaños y colores. Me quedo un largo rato ahí, sentada bajo su deseo de quedarme y resuelvo que no puedo arrastrarlo a mi miseria...
   Al siguiente día estaba lista para partir, una bomba también detuvo mi corazón y dejó un sueño hecho pedazos.





Publicado el 31 de mayo de 2017 en EL BLOG DE UN DON NADIE

20151101

El Otero

Te seguimos extrañando, Saúl.


Por las noches se deshace el otero —contaba mi abuela—, era el único cerro de tierra blanca en kilómetros de pura tierra roja, ahí el viento es tan fuerte por las tardes que nadie podía vivir en esas tierras. Yo vivía en La Noria, el poblado más cercano a Otero, desde ahí por el día puede verse la punta del cerro pero de noche se desaparece.
Un día, mientras cuidaba las borregas, una corrió para El Otero y tuve que ir a buscarla porque si llegaba con una menos seguro que mi papá me deshacía la espalda a palos. Pasaba el medio día, el sol se reflejaba con fuerza sobre la tierra blanca, había caminado bastante y ya no me quedaba agua, me senté bajo la sombra flaca de un árbol sin hojas y me quedé dormida un par de horas, el ruido del polvo golpeando en el árbol y los berridos de mi borrega me despertaron. El polvo no me dejaba abrir los ojos, el tronco del árbol era hueco y me metí para protegerme. La tierra oscureció el horizonte, abracé mis rodillas y comencé a rezar. Cuando ya no escuché los berridos, el viento soplaba con menos fuerza y ya no había polvo por todas partes, alcé la cabeza y ya había anochecido. El cerro hizo un estruendo como desde sus entrañas, saqué la cabeza para ver qué era lo que sucedía, la noche era hermosa, la luz de la enorme luna llena se proyectaba contra el espejo blanco que era la tierra de Otero, haciendo parecer a aquel cerro como una perla sobre una nube. Desde donde estaba sólo podía escuchar cómo se desgajaba por el otro lado el cerro hasta que quedó a la mitad de su altura, luego vi como poco a poco se desprendía quedando un puñado de piedras. No podía creer lo que miraba, de principio pensé que seguía dormida y me pellizqué un brazo, cerré fuerte los ojos y al abrirlos me di cuenta que lo que veía era real: eran personas de piedra. El fuerte viento había formado montoncitos de ramas que los hombres de piedra juntaron para hacer fogatas alrededor del puñado de piedras que quedaban del cerro. Parecía una fiesta, nadie decía nada pero las mujeres de piedra hacían pan y comida con barro, los niños corrían alrededor de las fogatas y los hombres, sentados, miraban. Así pasaron la noche. Daban las cuatro de la mañana cuando las mujeres tomaron a los niños en brazos y los pusieron sobre el montón de piedras, luego ellas se abrazaban cubriendo a los niños, siguieron los hombres dando forma de nuevo al otero, al final subían los hombres y mujeres más longevos que tenían jorobas y estaban llenos de arbustos.
Esperé que terminara de formarse el otero y salí del tronco corriendo hacía mi casa. A la entrada del pueblo estaba mi madre con un grupo de señoras, todos me estuvieron buscando pues por la tarde habían vuelto las borregas y a media noche llegó sola la que había seguido hasta El Otero. —Terminó de contar mientras limpiaba sus ojos y miraba al cerro que está pasando el río, rumbo al panteón—.
Siempre que contaba de Otero sus ojos se llenaban de lágrimas pues inventó  la historia una noche de junio, cuando murió su primer hijo varón, el viento había soplado muy fuerte por la tarde, como un mal augurio que llevaba. Oscurecía cuando mi tío ensilló su caballo para ir con su novia, a medio camino y sin razón alguna el caballo reparó tirándolo de boca, el animal corrió enloquecido sobre el pedregal llevando a rastras su delgado cuerpo que una cuerda sujetaba del pie izquierdo a la montura. Cuando se dieron cuenta el caballo brincaba la cerca de piedras que al caer hicieron un ruido ensordecedor, quedando mi tío, aún con vida, sobre el montón de piedras ensangrentadas. Murió de camino al hospital. Mi abuela no soportaba el dolor y sólo miró desde la ventana de la cocina el funeral que se llevaba a cabo en el patio central de la casa. Él era muy querido en el pueblo y para despedirse las personas abrazaban el féretro. Los cirios duraron encendidos toda la noche, el viento volvió a soplar hasta entrada la tarde, minutos después de sepultar su cuerpo.

Publicado en A Rostro Oculto Revista No. 15